Hace ya un mes que pisé por última vez las oficinas de Unidad Editorial. Un mes de desconcierto, de incredulidad, de indignación y, por qué no admitirlo, también de miedo. Al principio no daba crédito a mi mala suerte. ¡Hacía solo dos meses que había perdido a mi bebé y ahora perdía el trabajo! La experiencia más dolorosa de mi vida venía acompañada de más desgracias, el universo conspiraba en mi contra. ¿Qué iba a ser de mí?

Entonces recordé las palabras de una vieja amiga: las casualidades no existen. ¿Por qué me despedían justo al volver de la baja? Hacía apenas medio año que había superado con éxito el periodo de prueba, la publicación que coordinaba ganaba lectores cada día. ¿Y si me habían despedido porque conocían mi intención de ser madre? ¿Y si a la empresa sencillamente no le convenía tener a una empleada que en breve intentaría quedarse embarazada de nuevo y se vería abocada a coger una baja?

Ahora, un mes más tarde, las preguntas empiezan a encontrar respuesta. He puesto mi caso en manos de la justicia y he decidido lanzar este blog para ayudar a otras mujeres que puedan encontrarse en una situación parecida. Porque ahora, un mes más tarde, sigo desconcertada, sigo sin dar crédito y sigo indignada, pero ya no tengo miedo.