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La lucha de una madre en ciernes por los derechos laborales

Etiqueta: dia de la madre

Pedro Sánchez, contra los despidos por aborto.

1 de mayo: La lucha por los derechos laborales y de la mujer

“Por un hijo se hace cualquier cosa, incluso antes de que nazca”. Así alababa Lidia, la prima de marido, los cuidados a los que me sometí las pasadas navidades intentando proteger la vida de mi bebé. Por recomendación de mi ginecólogo, yo guardaba reposo en la casa de mis suegros en Ponferrada, el lugar donde nos sorprendió la segunda pérdida de mi corto embarazo. Dispuesta a todo por que aquel pequeño ser que crecía dentro de mí se quedara conmigo, me veía capaz de los más grandes sacrificios jamás imaginados. No ver a mi madre en Nochebuena, no moverme de la cama si el médico así lo aconsejaba o no ir físicamente a la oficina hasta que pasase el peligro me parecían menudencias en comparación con todo lo que yo, como cualquier mujer embarazada, estaba dispuesta a hacer para salvar a mi hijo. La prima de mi marido venía a verme y me daba ánimos.

Hoy, cuatro meses después, en medio de la manifestación a la que acudí por el Día del Trabajo, las palabras de Lidia me volvieron a la mente. Ir a una marcha multitudinaria para reivindicar los derechos de los trabajadores no es, ni mucho menos, un sacrificio; ya lo había hecho antes. Pero ir cuando te han despedido tras una baja por aborto siendo además el Día de la Madre, lo cambia todo.

Nos levantamos nerviosos, con la excitación de quien está a punto de enfrentarse a algo de lo que está seguro pero que a la vez le inquieta por nuevo. Desayunamos rápido, cogimos la mochila, la pancarta y salimos. Había que tomar la línea 1 de metro hasta la Puerta del Sol para unirnos a la marcha.

En el andén, veía que la gente se paraba a leerla e que incluso alguna que otra persona sacaba el móvil para hacerle una foto, con mayor o menor disimulo. Miré a mi marido, tan discreto siempre, y temí que se sintiera incómodo. Días antes habíamos tenido una conversación en casa sobre las cuestiones que pertenecen a la esfera de lo íntimo y las que se convierten en asuntos públicos. Un aborto era algo que, según él, correspondía al ámbito privado; pero un despido discriminatorio por haber sufrido un aborto era una vulneración de derechos tan grave que debía trascender las barreras de la privacidad para ser denunciado socialmente, al igual que una violación o los casos de violencia de género. En eso habíamos quedado. “Desde luego, no debemos avergonzarnos de haber sufrido un aborto, la vergüenza deben tenerla quienes te despiden por ello”, proclamó convencido. Sin embargo esta mañana, al verle en el andén, bajo las miradas curiosas de la gente que esperaba el metro, temí que estuviera pasando un mal trago y bajé ligeramente la pancarta, escondiéndola detrás del panel que indicaba la frecuencia de los trenes.

– ¿Te pesa? –me preguntó y, aunque le aseguré que no, me la quitó de las manos y la levantó sobre su cabeza, más alto de lo que yo hubiera podido levantarla con mi metro sesenta de estatura. Su resolución me emocionó profundamente, había vencido su pudor; ya no pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas cuando una mujer embarazada que leía nuestra consigna me preguntó si Unidad Editorial era la del periódico El Mundo y, con una mirada que desprendía solidaridad y empatía, me dijo que sentía mucho lo que me había pasado, “por partida doble”.

Solidaridad

Recogimos muestras de interés y respeto como esas a lo largo de todo el trayecto; de gente buena y decente que se sorprende de que hoy por hoy, en pleno siglo XXI, lo habitual sea que una trabajadora se vea obligada a ocultar su embarazo a la empresa hasta que sea evidente para que no la echen a la calle; gente que, sabiendo o no de  leyes, se pone en la piel de una mujer que sufre un aborto y, nada más reincorporarse a su puesto de trabajo, es despedida; gente como los compañeros de la CNT y de StopDespidosUE, o gente como Pedro Sánchez, a quien le llamó la atención el #DMedicinaDiscrimina de mi pancarta y mostró su apoyo a la causa.

Lidia no se equivocaba: por un hijo hay que hacer cualquier cosa, incluso antes de que nazca. Yo he salido hoy a la calle para luchar por mis derechos como mujer y como trabajadora, y lo he hecho por ese bebé que no llegó a nacer y por los que sí nacerán, con la esperanza de que puedan crecer en un país en el que la penalización laboral de las empleadas que se quedan embarazadas sea cosa del pasado.

Una pancarta con una planta y un regalo

Día de la Madre, Día del Trabajador

Este año, el Día de la Madre me pone triste. Veo los anuncios de regalos y los escaparates llenos de carteles con frases de felicitación a las mamás y me invade una mezcla de pena y nostalgia. Mi bebé hubiera nacido en julio. A estas alturas, debería tener una barriga que por desgracia no tengo, probablemente le hubiera comprado ya alguna cosita y la gente más cercana, quizás, me felicitaría por primera vez el Día de la Madre.

Pero, para el mundo, yo no soy una madre. Para Unidad Editorial, tampoco. Me pregunto qué soy, y las dudas me llevan a buscar en el diccionario una palabra básica, de sobra conocida, cuyo significado no suele ser necesario consultar porque es la primera que se aprende en todas las lenguas del mundo: “madre”.

La primera acepción que recoge la RAE define madre como la mujer o animal hembra que ha parido. La segunda, como mujer o animal hembra que ha concebido. Ese es mi caso. Pero la reflexión continúa. Si he concebido pero no he parido, ¿qué soy? Una madre que dé a luz un hijo y lo pierda 3 años después, ¿deja en ese momento de ser madre? Yo, que lo he perdido a los 3 meses, pero antes incluso de que naciera, ¿he llegado a ser madre? ¿Lo soy todavía?

La respuesta no es sencilla. Una amiga que pasó por mi situación hace algunos años (por suerte a ella no la despidieron) y que ahora tiene un niño precioso me dice que ella considera que tiene dos hijos, aunque uno no esté con ella. Otras mujeres pueden sentir diferente. Yo, en mi caso, todavía no me atrevo a poner nombre a este sentimiento. Para el mundo, quizás no sea una madre, pero este año el Día de la Madre duele, y las noticias en las que los niños son protagonistas de una tragedia de cualquier índole me hacen un daño que antes no me hacían. No sé si soy una madre, solo sé que no soy la misma que antes de haberlo sido.

Madre y trabajadora

Este año, el Día de la Madre coincide con el Día del Trabajador. Tras sufrir el aborto, me echaron del trabajo, ¿significa eso que ya no soy una mujer trabajadora? En este caso, la respuesta es más sencilla. Un rotundo SÍ sale de mi interior con la fuerza de un grito. Soy trabajadora y nunca dejaré de serlo, aunque me despidan porque quiero ser madre, porque llevo muchos años demostrando mi profesionalidad y luchando por la carrera que ahora Unidad Editorial pretende truncar.

Por esa razón, este 1 de mayo participaré en la manifestación del Día del Trabajador: para reclamar el derecho al trabajo que recoge nuestra Constitución y que ahora siento vulnerado. E iré, por primera vez, con una pancarta. Crearla no ha sido fácil (prometo escribir una entrada sobre el proceso de construcción porque, insisto, no es tan sencillo como parece). He tenido que dar varias vueltas para encontrar una barra de madera apropiada, y las puntas para sujetar el cartel, y las cartulinas en las que plasmar mi reivindicación: #DMedicinaDiscrimina. Pero lo he conseguido y estoy tan orgullosa del resultado que aquí os dejo la prueba. El paquetito que veis al lado es el regalo que le he comprado a mi madre, que no por estar triste voy a olvidarme de su día; la planta es mi auto-regalo porque, aunque no tenga a mi hijo me siento madre, y ¡porque me lo merezco!

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