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La lucha de una madre en ciernes por los derechos laborales

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carta despido por aborto dmedicina

“… me han despedido tras sufrir un aborto. Trabajaba en DMedicina…”

Tras una espera de medio año, al fin se acerca la fecha del juicio. DMedicina tendrá que rendir cuentas ante la justicia por despedirme dos semanas después de reincorporarme a mi puesto tras el aborto que sufrí. Hoy hemos difundido esta carta en la oficina, para los que compañeros que todavía no conocían mi caso y, sobre todo, para que, si alguien se ve en una situación parecida, sepa que no está sol@.

También se ha difundido una versión reducida en las redes sociales con el hashtag #DmedicinaReadmisión. Aquí podéis leerla al completo.

Me llamo Mónica y me han despedido al volver de la baja médica tras sufrir un aborto. Trabajaba como coordinadora de contenidos en DMedicina, la web de Unidad Editorial especializada en salud y embarazo, precisamente.

Llevaba cerca de un año en el puesto cuando me quedé embarazada y empecé a tener problemas médicos. El ginecólogo me recomendó reposo, y entonces comuniqué a la empresa mi estado. Como no podía desplazarme a las oficinas, me dijeron que podía trabajar desde mi casa.

A los pocos días, sufrí un aborto con complicaciones que me obligaron a pasar dos veces por quirófano. Me dieron la baja médica e informé a mis jefes. Dos semanas después de mi reincorporación, la empresa me echó a la calle.

Me dijeron que había cometido una falta muy grave cuyo resultado era un despido disciplinario. Nunca antes me habían llamado al orden por nada. Es más, hacía solo unos meses que había superado con éxito un periodo de prueba de medio año, y mis jefes me habían felicitado por mi trabajo en varias ocasiones.

Me echaron sin nada; ni siquiera me pagaron el último mes trabajado. Me dijeron literalmente que, si quería “cobrar”, debía presentar una papeleta de conciliación. Yo estaba destrozada: tras el duro golpe que supuso perder a mi bebé, Unidad Editorial me asestaba un golpe más. ¿Cómo podían echarme de esa manera tan cruel? Ninguna de mis jefas me dio ninguna explicación, aquella mañana habían “desaparecido”, ni siquiera me acompañaron a Recursos Humanos.

En el acto de conciliación, la empresa reconoció que el despido era improcedente y me ofrecieron una indemnización para evitar el juicio, pero esta no es una cuestión de dinero, sino de derechos y de dignidad.

Considero que en pleno siglo XXI, las mujeres no tenemos que elegir entre nuestra profesión o tener hijos. Yo elijo dignidad y trato justo, así que he demandado a Unidad Editorial por discriminación; la semana próxima se celebrará el juicio.

Creo que, si silenciamos estos casos, estamos contribuyendo a que se repitan. Ser madre es un derecho, no deberíamos tener miedo a perder nuestro puesto por ejercerlo. Yo decidí no coger el dinero y recurrir a la justicia. Si te pasara a ti, o a tu mujer o a tu hija, ¿qué harías?

Madrid, 20 de septiembre de 2016

Imagen contra la discriminación en DMedicina

Despido por maternidad

Cuando me echaron de DMedicina, dos semanas después de reincorporarme tras la baja médica, estaba tan afectada que no quería hablar del tema. Sin embargo, incluso en aquellos primeros momentos tan difíciles, pues el aborto estaba muy reciente, sabía que si callaba lo que me habían hecho, me convertiría en su cómplice.

Fue la misma sensación que tuve cuando, en el acto de conciliación, el abogado del grupo, Unidad Editorial, me ofreció una indemnización para que no denunciara a la empresa por discriminación: ni se me pasó por la cabeza aceptar el dinero e irme a casa porque sentía que, si lo hacía, sería cómplice del abuso y no estaría haciendo mi parte para que otras mujeres no fueran despedidas por maternidad.

Con esa misma filosofía, sigo denunciando mi caso, con la esperanza de que, si alguna víctima lee estas líneas, sepa que no está sola en la lucha y, con el objetivo también de que, si le llega a algún empresario, entienda que despedir a una trabajadora por querer ser madre no es un acto sin consecuencias, que la sociedad está en contra y como tal reacciona.

Prueba de ello es la movilización que generan casos como el mío en las redes sociales. En esta ocasión, ha sido con el hashtag #DmedicinaMargina, que incluso ha llegado a ser trending topic esta mañana. La imagen que veis la ha diseñado un amigo y es muy gráfica: El logo de Unidad Editorial intimidando a una mujer embarazada.

He de decir que así estaba yo al principio, intimidada e incluso asustada. Al dolor tan grande que supuso y supone perder a mi bebé se sumaba un despido disciplinario que no entendía. Pero hace un tiempo que ya no tengo miedo, y a eso contribuye la seguridad de tener la verdad de mi parte y el apoyo de todos vosotros. Como siempre, GRACIAS.

Mujer trabajando en una fábrica

Despido tras aborto y sin cobrar

Nunca pensé que a mis 35 años, con más de una década de experiencia a mis espaldas, acabaría trabajando gratis.

Siempre me cuidé de que me pagaran por mi actividad profesional, incluso cuando era becaria; nunca quise hacer prácticas en un medio en el que no cobrara, por poco que fuera. Y no por mero interés económico, que con 20 años también hay que comer todos los días, sino por mi propia dignidad y la dignidad de la profesión: el periodismo, tan precario y maltratado ya no por la sociedad, sino por las empresas del sector.

Sin embargo, acabo de trabajar en un gran grupo de comunicación GRATIS; contra mis propios principios, y contra mi voluntad, porque me han engañado, pero ha ocurrido.

Ha sido en Unidad Editorial, ¿quién me lo iba a decir? He trabajado en medios mucho más modestos y siempre me pagaron religiosamente. Escribía en Dmedicina, un portal de salud especializado en familia y embarazo del que me despidieron tras quedarme embarazada precisamente.

Empecé a tener problemas en el embarazo y comuniqué a la empresa mi estado. Para mi desgracia, pocas semanas después sufrí un aborto, y Dmedicina me asestó el golpe de gracia echándome a la calle:

Sin motivo: así lo explico en la demanda que presenté contra la empresa y por la que tendrán que rendir cuentas antes los tribunales el próximo mes de septiembre.

Sin compasión: estaba y estoy destrozada anímicamente por la pérdida de mi bebé.

Sin ningún tipo de humanidad: ninguna de mis dos jefas (sí, ¡mujeres!) se dignaron a comunicarme el despido personalmente y me enviaron sola a Recursos Humanos. ¿Sería falta de humanidad o vergüenza?

Sin sueldo: no solo no me dieron ningún tipo de indemnización sino que ¡NO ME PAGARON EL ÚLTIMO MES TRABAJADO!

Doy gracias a mi familia y a los cuatro duros que tengo ahorrados porque de no ser por ellos, ahora mismo estaría haciendo cola en los comedores sociales como tantas y tantas personas que se han quedado sin trabajo en este país.

Me siento estafada

Señores de Unidad Editorial, queridas ex jefas de Dmedicina: me siento estafada. Creía que trabajaba en una empresa seria, respetuosa con los periodistas a los que contratan, con los derechos de las mujeres que quieren ser madres sin renunciar a su profesión.

En el siglo XXI, ¿todavía tenemos que elegir entre tener hijos o trabajar? ¿Por qué despiden a una profesional como yo que acaba de superar el periodo de prueba justo al reincorporarse de una baja médica por aborto?

No solo me privan de los ingresos de mi nómina, no solo me dejan sin recursos para la manutención del hijo que tendré en el futuro, no solo truncan mi carrera profesional, es que ¡ni me pagan lo que me deben!

Mientras, los medios de comunicación publican que los directivos de Unidad Editorial se suben el sueldo un 13% y que los compañeros despedidos en el reciente ERE se van a su casa con una indemnización de 37 días por año trabajado más un lineal de 5.000 euros.

Discriminación

A mí no solo me discriminan por intentar ser madre (esto alego en la denuncia), sino que ni siquiera me entregan el sueldo que, con la misma profesionalidad y dedicación que siempre, me gané el último mes que trabajé en Dmedicina.

Señores de Unidad Editorial, queridas ex jefas de Dmedicina: si no me dan el dinero que me deben porque creen que no lo necesito, se equivocan. Lo necesito, y mucho. Y lucharé en los juzgados no solo para que me paguen lo que me adeudan, sino por mi readmisión.

Gratis no trabajo

Y también se equivocan si se creen que los periodistas trabajamos gratis. Me sumo a la reivindicación de los profesionales y de los becarios que están sacando adelante el trabajo de los medios en condiciones tan precarias, sin recursos y sin una contraprestación económica acorde a la labor que desempeñan: #GratisNoTrabajo.

logo twitter

Despido por aborto en Twitter

Hace unos días, una lectora me recomendaba crear una cuenta de Twitter específica de Despido por aborto para darle mayor difusión a mi caso. Hoy me alegra decir que la cuenta ya está funcionando y que, en poco menos de una semana, hemos conseguido ya 100 seguidores.

Es una cifra modesta, pero poco a poco crecerá, como va creciendo el blog, con el apoyo de todas las personas sensibilizadas contra la discriminación laboral de las mujeres cuando la maternidad hace acto de presencia en el centro de trabajo, que son muchas.

Según los datos facilitados por Twitter, la red social contaba con 305 millones de usuarios activos en todo el mundo a finales de 2015. Con esa elevada oferta, no deja de sorprenderme que 100 personas hayan decidido seguir una cuenta llamada @despidoXaborto.

No nos engañemos: me he currado un logo, he seleccionado las mejores fotos que tengo de mi lucha contra Unidad Editorial, he intentado darle un estilo vistoso a la cuenta, pero despido X aborto no es un nombre atractivo. Uno sabe que, si se hace seguidor de un perfil así, no será para leer cosas agradables.

En la segunda entrada que publiqué en esta web, y que titulé Un blog sobre abortos y despidos, hacía esta misma reflexión. A mí siempre me había gustado escribir sobre cosas bonitas. Desde luego, ni un aborto ni un despido, sea en las condiciones que sea, lo son.

Pero si has sido víctima de un trato discriminatorio, si trabajas en una empresa que te echa a la calle cuando te quedas embarazada y pierdes al hijo que esperabas, tienes el derecho y el deber moral de denunciarlo. Y en mi caso, con más razón si cabe, ya que trabajaba en el Área de Salud de Unidad Editorial, en Dmedicina, una web especializada en familia y embarazo precisamente.

Porque, si te callas y aceptas esa injusticia, contribuyes a que siga pasando, te conviertes en cómplice de la discriminación por razón de sexo que practica la empresa y te rindes ante el más fuerte.

Algo parecido a esto deben de pensar los 100 primeros seguidores de despido X aborto en Twitter. He curioseado superficialmente por los perfiles de algunos de ellos: he encontrado a personas concienciadas que escriben y retuitean sobre problemas sociales de actualidad, y también a usuarios que hacen un uso más personal de sus cuentas, compartiendo las cosas de su día a día.

Obstáculos a la maternidad

A todos ellos, como a las personas que estáis leyendo estas líneas, gracias por vuestro apoyo. Gracias a @LiliFrieden, @bailoenavalon, @Maxwell0086 y tantas personas particulares y colectivos feministas y políticos (@PodemosStboi, @Podemos2015, @PodemCornella, etc.) por vuestros RT y FAV, por arroparme en mi lucha contra un despido que trunca mi carrera y mis planes de ser madre.

tuit despido por aborto

Uno de los primeros tuits publicados en @despidoXaborto

Oficinas de Unidad Editorial

Despido disciplinario

Sin caer en lamentaciones ni en la autocompasión, tentadora a veces para dejar salir a borbotones el dolor que se acumula dentro, he de decir que sigo sin superarlo.

De un tiempo a esta parte, desde que sufrí el aborto y me dieron la carta de despido en Unidad Editorial, me he tomado una licencia; sin premeditación ni alevosía. Cuando me preguntan “¿qué tal?” ya no digo “bien”, sin pensar. Ahora digo la verdad.

En ocasiones respondo que “mal” y, si no tengo tanta confianza con quien me lo pregunta o noto que la pregunta es un mero formalismo apresurado, suelto un “he estado mejor”. Algunos días, cómo no, sigo contestando “bien”, pero solo cuando es cierto. Es un ejercicio saludable que cuesta poco poner en práctica y que recomiendo encarecidamente. Puede dar lugar a conversaciones inesperadas y gratificantes.

El otro día estaba mal, y así se lo hubiera dicho a quien me hubiera preguntado en ese momento. Pero se daba la circunstancia de que me encontraba sola (sí, seguramente esa soledad ocasional era responsable que estuviera más desanimada que de costumbre) y mi propia cabeza me llevaba, sin yo quererlo, a darle vueltas una y otra vez a los episodios más tristes de los últimos meses.

Pensaba así en el aborto, en cómo una revisión médica rutinaria en el embarazo se había convertido en el peor de los tormentos imaginados. Revivía el momento de la primera operación; los dolores que me sobrevinieron pocos días después en casa, cuando ya tendría que empezar a recuperarme. Volvía a verme en aquella sala de Urgencias a la que me llevaron la segunda vez, antes de enviarme de nuevo a quirófano.

En la soledad de mi casa, sumida en los recuerdos más negros de mi historia reciente, me toqué el vientre y sentí de nuevo la piel ardiendo como en aquellos días.

Intenté distraerme. Cogí la tablet y abrí un periódico. El ERE de Unidad Editorial y la huelga de mis compañeros contra los despidos salvajes seguía siendo noticia. Y en vez de evadirme, volví a enterrarme en pensamientos oscuros.

Recordé el momento en que el subdirector me pidió que le acompañara al Departamento de Recursos Humanos. El pobre Txerra, desencajado, intentó hacer el trance menos doloroso y, de camino al despacho del gerente, trató de ponerme sobre aviso y darme ánimos a partes iguales.

Falta muy grave

Recordé cómo se me cayó el mundo encima cuando me entregaron una carta comunicándome una supuesta falta muy grave, el paso previo a mi despido tres días después. “¡Pero yo no he hecho nada!”, advertí. Txerra, avergonzado, confirmó que no, que era mera formalidad.

Recordé cómo me “sugirieron” recoger mis cosas e irme a casa hasta tres días después, cuando debía volver a la oficina a la hora que me indicaban para recoger la resolución a mi supuesta falta, que no sería otra que un despido disciplinario.

Recordé las acusaciones que lanzaban contra mí en la carta de despido, que eran las mismas patrañas por las que me sancionaban con una falta muy grave. Decían que no actualizaba la web, ni las redes sociales. Que no hacía ninguna de las tareas para las que me habían contratado en Dmedicina.

Hacía solo 6 meses que había superado con éxito el periodo de prueba; me habían fichado como coordinadora de la publicación por mis conocimientos y experiencia laboral. ¿Cómo me acusaban de no actualizar la web, si ahí estaban los contenidos publicados, con su fecha de edición?

Había abierto el periódico para evadirme y había conseguido todo lo contrario. Estaba en casa, sola, triste, y recordar los detalles de mi despido, nada más volver de la baja por mi frustrado intento de ser madre, no hacía sino entristecerme más.

Entonces, sonó el móvil y todo empezó a cambiar…

Era un compañero que había trabajado conmigo en Dmedicina, un redactor que había estado varios meses en el proyecto escribiendo bajo mi supervisión. Había leído la noticia sobre mi despido en la prensa; quería manifestarme su apoyo y, sin saberlo, ayudarme a recuperar la autoestima que Unidad Editorial había agredido con su despido disciplinario.

Esta es una parte del mensaje que mi compañero me escribió ese día:

“Solo quería decirte, ya no que tienes mi apoyo, sino que tu causa es justa, que eres muy valiente y que, además de considerarte una gran profesional (nadie puede ponerlo en duda), ahora también sé que eres capaz de luchar por lo que te pertenece por justicia: ser madre y trabajadora, que nunca debió ni debe estar reñido.

Con ambas condiciones llegarás a ello seguro, a pesar de los obstáculos que te están poniendo. Mucho ánimo y mucha fuerza; por ti, por supuesto, pero también porque ahora eres un ejemplo.

¡¡Un beso, jefa!!

Hay palabras que son más que un bálsamo. Toda mi familia, mis amigos y antiguos compañeros de otros trabajos que ahora también lo son han cerrado filas en torno a mi valía profesional.

“Te han despedido porque saben que vas a intentar quedarte embarazada de nuevo, y no les interesa que te cojas una baja por maternidad y dejes de ir a la oficina, precisamente por todo el trabajo que sacas adelante”, me recuerda mi madre.

Despido discriminatorio

Mi abogado que, a diferencia de una madre, no puede ser acusado de falta de objetividad, se saca el Estatuto de los Trabajadores del cajón y me lo explica sin cortapisas:

El despido disciplinario es la única forma que tienen para intentar justificar un despido discriminatorio. Tienen que inventarse algo, ¡no van a poner en la carta de despido que te echan porque te has quedado embarazada!”.

A todos ellos les hago caso, y a todos les agradezco su confianza en mí y en mi profesionalidad. Pero a mi compañero le doy las gracias de una forma muy especial. Y lo hago porque sus palabras me sacan del pozo en el que a veces parece que voy a hundirme.

No es fácil plantarle la cara a Unidad Editorial; y aunque sepa que el despido disciplinario es una triquiñuela legal a través de la cual una empresa intenta justificar un despido que atenta contra la dignidad de las trabajadoras y el principio de igualdad entre hombres y mujeres, duele ver un papel en el que te acusan de no hacer bien un trabajo al servicio del cual has puesto todo tu talento.

Por muy exitosa que sea tu carrera, por muchos años de experiencia que lleves a tus espaldas, por muchos premios y felicitaciones que hayas conseguido a lo largo de tu trayectoria, un despido disciplinario duele, aunque venga justo después de una baja médica que lo ponga en evidencia.

Por eso le agradezco tanto a mi compañero, él que ha conocido mi trabajo desde dentro, él que me ha “sufrido” como jefa y que ha estado codo con codo trabajando conmigo para convertir a Dmedicina en la web de calidad que llegó a ser, que me diga que soy buena profesional y que lo que me ha hecho Unidad Editorial es injusto.

Y le doy las gracias no solo porque me haya ayudado a recuperar la autoestima y a volver a sentirme orgullosa de mi trabajo; también le doy las gracias por sus valores y principios.

Porque podía no haberse mojado; podía haber leído la noticia sobre mi despido y callarse, sin más; cuando alguien cae, muchos se alejan por si se salpican.

Lección de compromiso

“No te había contado nada para no comprometerte”, le confesé. Él, al que algunas veces le había corregido menudencias en los textos, me dio entonces una gran lección a mí: “Con estas cosas es, precisamente, con las que quiero comprometerme”.

Gracias, amigo, porque yo ya no puedo hacer mucho por ti (tenía la esperanza de poder convencer a mis jefes de que le ofrecieran un contrato decente y de que volviera a Dmedicina); sin embargo, tú estás haciendo mucho por mí.

Pancarta contra el despido por aborto

No al ERE Salvaje UE, No al Despido por Aborto

Los trabajadores de Unidad Editorial llevaron hoy a cabo su segunda jornada de huelga contra el ERE que supondrá el despido de 200 periodistas aproximadamente, así como la desaparición de varias revistas del grupo y delegaciones del diario El Mundo.

He seguido la movilización de mis, todavía los veo así, compañeros, a través de Twitter. #ElMundoEnHuelga fue trending topic desde las 10 de la mañana, y otros hashtags como #StopEREsalvajeUE o #MarcaEnHuelga también se han hecho un hueco entre los más utilizados del día en esta red social.

Cerca de 200 periodistas se irán, como días antes yo, a la calle. El “ERE Salvaje” es una prueba más de los malos tiempos que corren para una profesión imprescindible para la democracia.

Las condiciones de su despido, a no ser que Unidad Editorial recapacite, serán pésimas (aunque al menos recibirán una indemnización; a mí ni siquiera me han pagado el último mes trabajado).

Además, medios como Radio Marca verán reducida su plantilla a más de la mitad (de 30 a 13 periodistas), y cabeceras como Actualidad Económica e Historia serán eso, historia.

Viendo la magnitud del problema, me ha conmovido que hoy, en medio de la concentración a las puertas de la empresa, algunos de mis compañeros aprovecharan el momento para reivindicar también mi readmisión por despido nulo.

Desde que Unidad Editorial me despidió al reincorporarme de la baja tras sufrir un aborto, hace poco más de un mes, solo he vuelto a ver a algunos de mis compañeros. Hoy les vi a todos en varias de las fotos que publican ellos mismos en las redes sociales.

Me enorgullece que luchen por defender sus puestos de trabajo, juntos lo tienen más fácil, y también que se hayan acordado de defender el mío y no me dejen sola. Y es que esta mañana, en avenida de San Luis, 25 (Madrid), junto al logo Unidad Editorial, una pancarta denunciaba por igual el rechazo al #EreSalvajeUE y al #despidoporborto.

2ª huelga en @unidadeditorial y redoblamos exigencias:
– Stop #ERESalvajeUE
– No al #DespidoporAborto en @Dmedicinacom

Así rezaba uno de los tuits que me encontré esta mañana. De verdad que me he emocionado.

Han pasado apenas dos semanas desde que decidí crear este blog y mi despido tras sufrir un aborto empezó a trascender más allá de mi entorno personal. Desde entonces, son muchas las manifestaciones de apoyo que recojo cada día, tanto por parte de personas desconocidas a las que mi caso provoca indignación como de conocidos a los que todavía no había tenido oportunidad de contarles lo sucedido.

La admiración de los primeros días sigue intacta. La gratitud, también. Tal vez dos semanas sea muy poco tiempo, pero os puedo asegurar que las muestras de solidaridad y el cariño que recibo por parte de todos vosotros no me dejará indiferente nunca.

Discriminación

Así que, de nuevo, GRACIAS. Gracias por hacerme saber que no estoy sola en mi lucha contra la discriminación; que el ERE en Unidad Editorial es grave, pero que el despido despiadado de una profesional por el mero hecho de querer ser madre, tal y como argumento en mi demanda, también es un acto salvaje.

Una mujer embarazada

“Despedida por querer ser madre”

Ayer me llamó una periodista. La prensa empieza a hacerse eco de que un medio de comunicación especializado en salud y embarazo ha despedido a una trabajadora por querer ser madre. Así han titulado la noticia.

Leo la información desde un punto de vista distante, como si no tuviera que ver conmigo. Todavía me cuesta asimilar que algo así me hubiera pasado a mí: despedida tras sufrir un aborto, nada más reincorporarme de la baja. Y sí, el hecho de que se tratara de una web sobre cuidados durante el embarazo y la maternidad (DMedicina) hace que la historia sea todavía más dura. Noto que eso es lo que más llama la atención de mi historia.

Las palabras de Ellison Moorehead que también recoge la periodista son de igual modo significativas: “Despedir a una mujer por querer ser madre es lo más cruel que me he encontrado como sindicalista”. Su testimonio me hace sentir bien y mal a la vez:

Bien porque me alegra que no sean tan habituales los casos de discriminación de la mujer en el entorno de trabajo, porque gran parte de las empresas respeten los derechos laborales y no haya muchas mujeres pasando por la situación que yo estoy viviendo ahora.

Bien porque se reconozca el factor humano que rodea mi caso: mi despido no es solo censurable desde un punto de vista legal, sino también moral. Ya no es que se trate de un despido nulo, es un despido cruel.

Mal porque el asombro de la sindicalista me hace ver toda la crudeza de la situación a la que me enfrento, y una pregunta sin respuesta retumba inevitablemente en mi cabeza: ¿por qué a mí?

Ser sincera se castiga

Imagino que no son tantas las veces en que una mujer informa a su empresa de que está embarazada y después la gestación se interrumpe. Uno de los ginecólogos que me atendió poco antes de perder a mi bebé me aconsejó en este aspecto: “Es mejor no anunciar el embarazo hasta que transcurren los tres primeros meses porque el riesgo de aborto es más elevado”, me dijo. El médico veía que mi embarazo no iba bien y trataba de ayudarme.

Sin embargo, opté por ser sincera y cuando me indicaron que debía guardar reposo, les comuniqué a mis jefes mi problema. Pude no haber entrado en detalles, incluso haberme inventado una enfermedad, como sugieren ahora algunas personas, después de conocer mi despido. Quise ser franca; quizás fui ingenua. Pero, ¿cómo iba a imaginar que al final perdería a mi bebé y la empresa me echaría a la calle?

Noto una gran empatía por parte de la periodista que está al otro lado de la línea, y me suelto: “Creo con rotundidad que me despidieron por querer ser madre y aprovecharon para echarme antes de que volviera a quedarme embarazada”, admito. Se han invertido los papeles. Yo, que tantas entrevistas he hecho a lo largo de mi trayectoria profesional, ahora soy la que responde las preguntas. Intento ofrecer respuestas precisas que faciliten el trabajo a la colega que ahora me entrevista.

Muestras de apoyo

Hoy he visto la noticia publicada y personas queridas pero que no estaban al corriente de lo que me había sucedido me han llamado para mostrarme su cariño y apoyo. También desconocidos sensibilizados con lo que consideran un “despido escandaloso” han contactado conmigo por medio de este blog para animarme en la lucha y manifestarme su solidaridad.

A todos ellos, GRACIAS. Gracias porque no es fácil esperar un hijo y perderlo, y a continuación perder el trabajo. No es fácil demandar a un gigante de la comunicación como Unidad Editorial por un caso de discriminación. Y no es fácil hablar con los medios y hacer pública una historia dura para intentar que no se repita y no haya más mujeres (ni hombres) afectad@s por aspirar a una vida personal compatible con su carrera.

Unos y otros me habéis dado aliento y me habéis hecho ver que mi caso importa (el reportaje sobre mi caso ha sido portada en Menéame); que el despido de una mujer que quiere ser madre no solo afecta a la perjudicada y a su entorno cercano, sino que es una preocupación compartida porque, si no lo paramos, tod@s estamos en peligro.

La noticia Despedida por querer ser madre, en Menéame

La noticia ha sido portada en la red social Menéame.

Día de la Libertad de Prensa y de huelga en El Mundo

Malos tiempos para el ejercicio de la prensa libre. El último informe publicado por Freedom House pone de relieve una merma constante de la libertad de prensa que en 2015 alcanzó su punto más bajo en los últimos doce años. El terrorismo, las fuerzas criminales y también la presión de las organizaciones políticas son las principales amenazas que sufre la profesión en la actualidad.

Según la entidad norteamericana, solo el 13% de la población mundial disfruta de una prensa libre. Entre los países que mayor retroceso han sufrido en este derecho durante el último año se encuentran Bangladés, Turquía, Burundi, Serbia, Yemen, Egipto, Macedonia, Zimbabue y un país cercano y democrático como es Francia; las campañas de seguridad nacional desplegadas por el gobierno de François Hollande tras los atentados de París y Bruselas se han convertido en la coartada perfecta para limitar la libertad de los periodistas, tal y como denuncian hoy Reporteros sin Fronteras y Amnistía Internacional.

Veo el mapa de la libertad de prensa en el mundo que Freedom House publica en su web y me tranquiliza ver que España sigue figurando en verde, el color asignado por el organismo a los países con garantías legales para el ejercicio de un periodismo libre. Podríamos estar peor. Otros países del entorno, como Italia, aparecen en amarillo (color reservado para los Estados con una prensa parcialmente libre).

mapa de la libertad de prensa en el mundo

Mapa de la libertad de prensa en el mundo.

Sigo leyendo el periódico y me encuentro con otra noticia destacada: Los trabajadores de El Mundo, en huelga. Protestan contra un ERE que supondrá el despido de 224 profesionales en Unidad Editorial con la mínima indemnización que permite la ley. A mí, qué casualidad, me despidieron unos días antes de que anunciaran el despido colectivo, justo después de reincorporarme a mi puesto de trabajo tras sufrir un aborto, ¿otra casualidad?

Libertad sin medios

Continúo la lectura: El Mundo queda herido y Radio Marca, hundida. El “despido salvaje”, como lo definen los compañeros, supondrá la rescisión del contrato a una cuarta parte de los redactores del diario nacional, mientras que la emisora de radio se quedará con tan solo 11 periodistas en plantilla. ¿Podrá sobrevivir la emisora con un equipo tan mermado? ¿Se puede hacer un periodismo libre de calidad con tan escasos medios?

Mientras termino de escribir esta entrada, abro elmundo.es. Hay noticias en la home, pocas, pero la edición digital sale. La versión en papel no estará en los quioscos por primera vez desde 1994. ¿Cuántos compañeros decidirán no hacer huelga para sacar adelante el periódico? Sean muchos o pocos, lo importante es que hayan tomado la decisión libremente, sin temor a perder su puesto de trabajo, como me ha pasado a mí, si se levantan de la silla.

Despido tras aborto

Pienso en DMedicina, la web especializada en salud, familia y embarazo de la que me echaron tras sufrir el aborto. ¿Estarán mis ex compañeros, como trabajadores de Unidad Editorial, secundando la huelga? ¿Mostrarán su solidaridad a los compañeros de El Mundo, Marca y las demás cabeceras afectadas por el ERE? Ojeo sus redes sociales: están actualizadas. Aunque ya no forme del proyecto, me entristece.

Pedro Sánchez, contra los despidos por aborto.

1 de mayo: La lucha por los derechos laborales y de la mujer

“Por un hijo se hace cualquier cosa, incluso antes de que nazca”. Así alababa Lidia, la prima de marido, los cuidados a los que me sometí las pasadas navidades intentando proteger la vida de mi bebé. Por recomendación de mi ginecólogo, yo guardaba reposo en la casa de mis suegros en Ponferrada, el lugar donde nos sorprendió la segunda pérdida de mi corto embarazo. Dispuesta a todo por que aquel pequeño ser que crecía dentro de mí se quedara conmigo, me veía capaz de los más grandes sacrificios jamás imaginados. No ver a mi madre en Nochebuena, no moverme de la cama si el médico así lo aconsejaba o no ir físicamente a la oficina hasta que pasase el peligro me parecían menudencias en comparación con todo lo que yo, como cualquier mujer embarazada, estaba dispuesta a hacer para salvar a mi hijo. La prima de mi marido venía a verme y me daba ánimos.

Hoy, cuatro meses después, en medio de la manifestación a la que acudí por el Día del Trabajo, las palabras de Lidia me volvieron a la mente. Ir a una marcha multitudinaria para reivindicar los derechos de los trabajadores no es, ni mucho menos, un sacrificio; ya lo había hecho antes. Pero ir cuando te han despedido tras una baja por aborto siendo además el Día de la Madre, lo cambia todo.

Nos levantamos nerviosos, con la excitación de quien está a punto de enfrentarse a algo de lo que está seguro pero que a la vez le inquieta por nuevo. Desayunamos rápido, cogimos la mochila, la pancarta y salimos. Había que tomar la línea 1 de metro hasta la Puerta del Sol para unirnos a la marcha.

En el andén, veía que la gente se paraba a leerla e que incluso alguna que otra persona sacaba el móvil para hacerle una foto, con mayor o menor disimulo. Miré a mi marido, tan discreto siempre, y temí que se sintiera incómodo. Días antes habíamos tenido una conversación en casa sobre las cuestiones que pertenecen a la esfera de lo íntimo y las que se convierten en asuntos públicos. Un aborto era algo que, según él, correspondía al ámbito privado; pero un despido discriminatorio por haber sufrido un aborto era una vulneración de derechos tan grave que debía trascender las barreras de la privacidad para ser denunciado socialmente, al igual que una violación o los casos de violencia de género. En eso habíamos quedado. “Desde luego, no debemos avergonzarnos de haber sufrido un aborto, la vergüenza deben tenerla quienes te despiden por ello”, proclamó convencido. Sin embargo esta mañana, al verle en el andén, bajo las miradas curiosas de la gente que esperaba el metro, temí que estuviera pasando un mal trago y bajé ligeramente la pancarta, escondiéndola detrás del panel que indicaba la frecuencia de los trenes.

– ¿Te pesa? –me preguntó y, aunque le aseguré que no, me la quitó de las manos y la levantó sobre su cabeza, más alto de lo que yo hubiera podido levantarla con mi metro sesenta de estatura. Su resolución me emocionó profundamente, había vencido su pudor; ya no pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas cuando una mujer embarazada que leía nuestra consigna me preguntó si Unidad Editorial era la del periódico El Mundo y, con una mirada que desprendía solidaridad y empatía, me dijo que sentía mucho lo que me había pasado, “por partida doble”.

Solidaridad

Recogimos muestras de interés y respeto como esas a lo largo de todo el trayecto; de gente buena y decente que se sorprende de que hoy por hoy, en pleno siglo XXI, lo habitual sea que una trabajadora se vea obligada a ocultar su embarazo a la empresa hasta que sea evidente para que no la echen a la calle; gente que, sabiendo o no de  leyes, se pone en la piel de una mujer que sufre un aborto y, nada más reincorporarse a su puesto de trabajo, es despedida; gente como los compañeros de la CNT y de StopDespidosUE, o gente como Pedro Sánchez, a quien le llamó la atención el #DMedicinaDiscrimina de mi pancarta y mostró su apoyo a la causa.

Lidia no se equivocaba: por un hijo hay que hacer cualquier cosa, incluso antes de que nazca. Yo he salido hoy a la calle para luchar por mis derechos como mujer y como trabajadora, y lo he hecho por ese bebé que no llegó a nacer y por los que sí nacerán, con la esperanza de que puedan crecer en un país en el que la penalización laboral de las empleadas que se quedan embarazadas sea cosa del pasado.

Un blog sobre abortos y despidos :(

Siempre me gustó escribir sobre cosas bonitas. Como periodista, cada vez que he tenido la oportunidad de elegir, he preferido tratar temas gratos: ¿quién no escogería la cultura, en vez de los sucesos, o los deportes, si la otra opción fuera la sección necrológica? Hasta que me especialicé en periodismo sanitario y se me quitó la tontería (y también, de paso, la pizca que tenía de hipocondríaca). Entonces, los temas sobre enfermedades y tratamientos dejaron de impresionarme y descubrí que incluso los asuntos más graves, los que afectan a la salud, se pueden escribir sin más pesar que el que conlleve un mal pronóstico.

Siempre pensé que acabaría abriendo un blog sobre literatura, un tema grato sobre el que sé algunas cosas y al cual dedicarle mi tiempo me produciría deleite. Sin embargo, escribir sobre el aborto que sufrí y el despedido que afronté al reincorporarme tras la baja médica no solo no es grato, es hurgar en la herida, una herida abierta que aún sangra y que tardará en cicatrizar. Pero escribir sobre ello será también mi forma de superarlo, de expresar el dolor que durante todo este tiempo he reprimido por el desconcierto y el miedo que me sobrevino cuando todo pasó. Y prometo hacerlo además, como buena periodista especializada en salud, sin pesar, porque esta vez estoy convencida de que el pronóstico será bueno.

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