Ayer me llamó una periodista. La prensa empieza a hacerse eco de que un medio de comunicación especializado en salud y embarazo ha despedido a una trabajadora por querer ser madre. Así han titulado la noticia.

Leo la información desde un punto de vista distante, como si no tuviera que ver conmigo. Todavía me cuesta asimilar que algo así me hubiera pasado a mí: despedida tras sufrir un aborto, nada más reincorporarme de la baja. Y sí, el hecho de que se tratara de una web sobre cuidados durante el embarazo y la maternidad (DMedicina) hace que la historia sea todavía más dura. Noto que eso es lo que más llama la atención de mi historia.

Las palabras de Ellison Moorehead que también recoge la periodista son de igual modo significativas: “Despedir a una mujer por querer ser madre es lo más cruel que me he encontrado como sindicalista”. Su testimonio me hace sentir bien y mal a la vez:

Bien porque me alegra que no sean tan habituales los casos de discriminación de la mujer en el entorno de trabajo, porque gran parte de las empresas respeten los derechos laborales y no haya muchas mujeres pasando por la situación que yo estoy viviendo ahora.

Bien porque se reconozca el factor humano que rodea mi caso: mi despido no es solo censurable desde un punto de vista legal, sino también moral. Ya no es que se trate de un despido nulo, es un despido cruel.

Mal porque el asombro de la sindicalista me hace ver toda la crudeza de la situación a la que me enfrento, y una pregunta sin respuesta retumba inevitablemente en mi cabeza: ¿por qué a mí?

Ser sincera se castiga

Imagino que no son tantas las veces en que una mujer informa a su empresa de que está embarazada y después la gestación se interrumpe. Uno de los ginecólogos que me atendió poco antes de perder a mi bebé me aconsejó en este aspecto: “Es mejor no anunciar el embarazo hasta que transcurren los tres primeros meses porque el riesgo de aborto es más elevado”, me dijo. El médico veía que mi embarazo no iba bien y trataba de ayudarme.

Sin embargo, opté por ser sincera y cuando me indicaron que debía guardar reposo, les comuniqué a mis jefes mi problema. Pude no haber entrado en detalles, incluso haberme inventado una enfermedad, como sugieren ahora algunas personas, después de conocer mi despido. Quise ser franca; quizás fui ingenua. Pero, ¿cómo iba a imaginar que al final perdería a mi bebé y la empresa me echaría a la calle?

Noto una gran empatía por parte de la periodista que está al otro lado de la línea, y me suelto: “Creo con rotundidad que me despidieron por querer ser madre y aprovecharon para echarme antes de que volviera a quedarme embarazada”, admito. Se han invertido los papeles. Yo, que tantas entrevistas he hecho a lo largo de mi trayectoria profesional, ahora soy la que responde las preguntas. Intento ofrecer respuestas precisas que faciliten el trabajo a la colega que ahora me entrevista.

Muestras de apoyo

Hoy he visto la noticia publicada y personas queridas pero que no estaban al corriente de lo que me había sucedido me han llamado para mostrarme su cariño y apoyo. También desconocidos sensibilizados con lo que consideran un “despido escandaloso” han contactado conmigo por medio de este blog para animarme en la lucha y manifestarme su solidaridad.

A todos ellos, GRACIAS. Gracias porque no es fácil esperar un hijo y perderlo, y a continuación perder el trabajo. No es fácil demandar a un gigante de la comunicación como Unidad Editorial por un caso de discriminación. Y no es fácil hablar con los medios y hacer pública una historia dura para intentar que no se repita y no haya más mujeres (ni hombres) afectad@s por aspirar a una vida personal compatible con su carrera.

Unos y otros me habéis dado aliento y me habéis hecho ver que mi caso importa (el reportaje sobre mi caso ha sido portada en Menéame); que el despido de una mujer que quiere ser madre no solo afecta a la perjudicada y a su entorno cercano, sino que es una preocupación compartida porque, si no lo paramos, tod@s estamos en peligro.

La noticia Despedida por querer ser madre, en Menéame

La noticia ha sido portada en la red social Menéame.