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La lucha de una madre en ciernes por los derechos laborales

Etiqueta: despido disciplinario

Imagen contra la discriminación en DMedicina

Despido por maternidad

Cuando me echaron de DMedicina, dos semanas después de reincorporarme tras la baja médica, estaba tan afectada que no quería hablar del tema. Sin embargo, incluso en aquellos primeros momentos tan difíciles, pues el aborto estaba muy reciente, sabía que si callaba lo que me habían hecho, me convertiría en su cómplice.

Fue la misma sensación que tuve cuando, en el acto de conciliación, el abogado del grupo, Unidad Editorial, me ofreció una indemnización para que no denunciara a la empresa por discriminación: ni se me pasó por la cabeza aceptar el dinero e irme a casa porque sentía que, si lo hacía, sería cómplice del abuso y no estaría haciendo mi parte para que otras mujeres no fueran despedidas por maternidad.

Con esa misma filosofía, sigo denunciando mi caso, con la esperanza de que, si alguna víctima lee estas líneas, sepa que no está sola en la lucha y, con el objetivo también de que, si le llega a algún empresario, entienda que despedir a una trabajadora por querer ser madre no es un acto sin consecuencias, que la sociedad está en contra y como tal reacciona.

Prueba de ello es la movilización que generan casos como el mío en las redes sociales. En esta ocasión, ha sido con el hashtag #DmedicinaMargina, que incluso ha llegado a ser trending topic esta mañana. La imagen que veis la ha diseñado un amigo y es muy gráfica: El logo de Unidad Editorial intimidando a una mujer embarazada.

He de decir que así estaba yo al principio, intimidada e incluso asustada. Al dolor tan grande que supuso y supone perder a mi bebé se sumaba un despido disciplinario que no entendía. Pero hace un tiempo que ya no tengo miedo, y a eso contribuye la seguridad de tener la verdad de mi parte y el apoyo de todos vosotros. Como siempre, GRACIAS.

Oficinas de Unidad Editorial

Despido disciplinario

Sin caer en lamentaciones ni en la autocompasión, tentadora a veces para dejar salir a borbotones el dolor que se acumula dentro, he de decir que sigo sin superarlo.

De un tiempo a esta parte, desde que sufrí el aborto y me dieron la carta de despido en Unidad Editorial, me he tomado una licencia; sin premeditación ni alevosía. Cuando me preguntan “¿qué tal?” ya no digo “bien”, sin pensar. Ahora digo la verdad.

En ocasiones respondo que “mal” y, si no tengo tanta confianza con quien me lo pregunta o noto que la pregunta es un mero formalismo apresurado, suelto un “he estado mejor”. Algunos días, cómo no, sigo contestando “bien”, pero solo cuando es cierto. Es un ejercicio saludable que cuesta poco poner en práctica y que recomiendo encarecidamente. Puede dar lugar a conversaciones inesperadas y gratificantes.

El otro día estaba mal, y así se lo hubiera dicho a quien me hubiera preguntado en ese momento. Pero se daba la circunstancia de que me encontraba sola (sí, seguramente esa soledad ocasional era responsable que estuviera más desanimada que de costumbre) y mi propia cabeza me llevaba, sin yo quererlo, a darle vueltas una y otra vez a los episodios más tristes de los últimos meses.

Pensaba así en el aborto, en cómo una revisión médica rutinaria en el embarazo se había convertido en el peor de los tormentos imaginados. Revivía el momento de la primera operación; los dolores que me sobrevinieron pocos días después en casa, cuando ya tendría que empezar a recuperarme. Volvía a verme en aquella sala de Urgencias a la que me llevaron la segunda vez, antes de enviarme de nuevo a quirófano.

En la soledad de mi casa, sumida en los recuerdos más negros de mi historia reciente, me toqué el vientre y sentí de nuevo la piel ardiendo como en aquellos días.

Intenté distraerme. Cogí la tablet y abrí un periódico. El ERE de Unidad Editorial y la huelga de mis compañeros contra los despidos salvajes seguía siendo noticia. Y en vez de evadirme, volví a enterrarme en pensamientos oscuros.

Recordé el momento en que el subdirector me pidió que le acompañara al Departamento de Recursos Humanos. El pobre Txerra, desencajado, intentó hacer el trance menos doloroso y, de camino al despacho del gerente, trató de ponerme sobre aviso y darme ánimos a partes iguales.

Falta muy grave

Recordé cómo se me cayó el mundo encima cuando me entregaron una carta comunicándome una supuesta falta muy grave, el paso previo a mi despido tres días después. “¡Pero yo no he hecho nada!”, advertí. Txerra, avergonzado, confirmó que no, que era mera formalidad.

Recordé cómo me “sugirieron” recoger mis cosas e irme a casa hasta tres días después, cuando debía volver a la oficina a la hora que me indicaban para recoger la resolución a mi supuesta falta, que no sería otra que un despido disciplinario.

Recordé las acusaciones que lanzaban contra mí en la carta de despido, que eran las mismas patrañas por las que me sancionaban con una falta muy grave. Decían que no actualizaba la web, ni las redes sociales. Que no hacía ninguna de las tareas para las que me habían contratado en Dmedicina.

Hacía solo 6 meses que había superado con éxito el periodo de prueba; me habían fichado como coordinadora de la publicación por mis conocimientos y experiencia laboral. ¿Cómo me acusaban de no actualizar la web, si ahí estaban los contenidos publicados, con su fecha de edición?

Había abierto el periódico para evadirme y había conseguido todo lo contrario. Estaba en casa, sola, triste, y recordar los detalles de mi despido, nada más volver de la baja por mi frustrado intento de ser madre, no hacía sino entristecerme más.

Entonces, sonó el móvil y todo empezó a cambiar…

Era un compañero que había trabajado conmigo en Dmedicina, un redactor que había estado varios meses en el proyecto escribiendo bajo mi supervisión. Había leído la noticia sobre mi despido en la prensa; quería manifestarme su apoyo y, sin saberlo, ayudarme a recuperar la autoestima que Unidad Editorial había agredido con su despido disciplinario.

Esta es una parte del mensaje que mi compañero me escribió ese día:

“Solo quería decirte, ya no que tienes mi apoyo, sino que tu causa es justa, que eres muy valiente y que, además de considerarte una gran profesional (nadie puede ponerlo en duda), ahora también sé que eres capaz de luchar por lo que te pertenece por justicia: ser madre y trabajadora, que nunca debió ni debe estar reñido.

Con ambas condiciones llegarás a ello seguro, a pesar de los obstáculos que te están poniendo. Mucho ánimo y mucha fuerza; por ti, por supuesto, pero también porque ahora eres un ejemplo.

¡¡Un beso, jefa!!

Hay palabras que son más que un bálsamo. Toda mi familia, mis amigos y antiguos compañeros de otros trabajos que ahora también lo son han cerrado filas en torno a mi valía profesional.

“Te han despedido porque saben que vas a intentar quedarte embarazada de nuevo, y no les interesa que te cojas una baja por maternidad y dejes de ir a la oficina, precisamente por todo el trabajo que sacas adelante”, me recuerda mi madre.

Despido discriminatorio

Mi abogado que, a diferencia de una madre, no puede ser acusado de falta de objetividad, se saca el Estatuto de los Trabajadores del cajón y me lo explica sin cortapisas:

El despido disciplinario es la única forma que tienen para intentar justificar un despido discriminatorio. Tienen que inventarse algo, ¡no van a poner en la carta de despido que te echan porque te has quedado embarazada!”.

A todos ellos les hago caso, y a todos les agradezco su confianza en mí y en mi profesionalidad. Pero a mi compañero le doy las gracias de una forma muy especial. Y lo hago porque sus palabras me sacan del pozo en el que a veces parece que voy a hundirme.

No es fácil plantarle la cara a Unidad Editorial; y aunque sepa que el despido disciplinario es una triquiñuela legal a través de la cual una empresa intenta justificar un despido que atenta contra la dignidad de las trabajadoras y el principio de igualdad entre hombres y mujeres, duele ver un papel en el que te acusan de no hacer bien un trabajo al servicio del cual has puesto todo tu talento.

Por muy exitosa que sea tu carrera, por muchos años de experiencia que lleves a tus espaldas, por muchos premios y felicitaciones que hayas conseguido a lo largo de tu trayectoria, un despido disciplinario duele, aunque venga justo después de una baja médica que lo ponga en evidencia.

Por eso le agradezco tanto a mi compañero, él que ha conocido mi trabajo desde dentro, él que me ha “sufrido” como jefa y que ha estado codo con codo trabajando conmigo para convertir a Dmedicina en la web de calidad que llegó a ser, que me diga que soy buena profesional y que lo que me ha hecho Unidad Editorial es injusto.

Y le doy las gracias no solo porque me haya ayudado a recuperar la autoestima y a volver a sentirme orgullosa de mi trabajo; también le doy las gracias por sus valores y principios.

Porque podía no haberse mojado; podía haber leído la noticia sobre mi despido y callarse, sin más; cuando alguien cae, muchos se alejan por si se salpican.

Lección de compromiso

“No te había contado nada para no comprometerte”, le confesé. Él, al que algunas veces le había corregido menudencias en los textos, me dio entonces una gran lección a mí: “Con estas cosas es, precisamente, con las que quiero comprometerme”.

Gracias, amigo, porque yo ya no puedo hacer mucho por ti (tenía la esperanza de poder convencer a mis jefes de que le ofrecieran un contrato decente y de que volviera a Dmedicina); sin embargo, tú estás haciendo mucho por mí.

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