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La lucha de una madre en ciernes por los derechos laborales

Etiqueta: derechos laborales

Mujer trabajando en una fábrica

Despido tras aborto y sin cobrar

Nunca pensé que a mis 35 años, con más de una década de experiencia a mis espaldas, acabaría trabajando gratis.

Siempre me cuidé de que me pagaran por mi actividad profesional, incluso cuando era becaria; nunca quise hacer prácticas en un medio en el que no cobrara, por poco que fuera. Y no por mero interés económico, que con 20 años también hay que comer todos los días, sino por mi propia dignidad y la dignidad de la profesión: el periodismo, tan precario y maltratado ya no por la sociedad, sino por las empresas del sector.

Sin embargo, acabo de trabajar en un gran grupo de comunicación GRATIS; contra mis propios principios, y contra mi voluntad, porque me han engañado, pero ha ocurrido.

Ha sido en Unidad Editorial, ¿quién me lo iba a decir? He trabajado en medios mucho más modestos y siempre me pagaron religiosamente. Escribía en Dmedicina, un portal de salud especializado en familia y embarazo del que me despidieron tras quedarme embarazada precisamente.

Empecé a tener problemas en el embarazo y comuniqué a la empresa mi estado. Para mi desgracia, pocas semanas después sufrí un aborto, y Dmedicina me asestó el golpe de gracia echándome a la calle:

Sin motivo: así lo explico en la demanda que presenté contra la empresa y por la que tendrán que rendir cuentas antes los tribunales el próximo mes de septiembre.

Sin compasión: estaba y estoy destrozada anímicamente por la pérdida de mi bebé.

Sin ningún tipo de humanidad: ninguna de mis dos jefas (sí, ¡mujeres!) se dignaron a comunicarme el despido personalmente y me enviaron sola a Recursos Humanos. ¿Sería falta de humanidad o vergüenza?

Sin sueldo: no solo no me dieron ningún tipo de indemnización sino que ¡NO ME PAGARON EL ÚLTIMO MES TRABAJADO!

Doy gracias a mi familia y a los cuatro duros que tengo ahorrados porque de no ser por ellos, ahora mismo estaría haciendo cola en los comedores sociales como tantas y tantas personas que se han quedado sin trabajo en este país.

Me siento estafada

Señores de Unidad Editorial, queridas ex jefas de Dmedicina: me siento estafada. Creía que trabajaba en una empresa seria, respetuosa con los periodistas a los que contratan, con los derechos de las mujeres que quieren ser madres sin renunciar a su profesión.

En el siglo XXI, ¿todavía tenemos que elegir entre tener hijos o trabajar? ¿Por qué despiden a una profesional como yo que acaba de superar el periodo de prueba justo al reincorporarse de una baja médica por aborto?

No solo me privan de los ingresos de mi nómina, no solo me dejan sin recursos para la manutención del hijo que tendré en el futuro, no solo truncan mi carrera profesional, es que ¡ni me pagan lo que me deben!

Mientras, los medios de comunicación publican que los directivos de Unidad Editorial se suben el sueldo un 13% y que los compañeros despedidos en el reciente ERE se van a su casa con una indemnización de 37 días por año trabajado más un lineal de 5.000 euros.

Discriminación

A mí no solo me discriminan por intentar ser madre (esto alego en la denuncia), sino que ni siquiera me entregan el sueldo que, con la misma profesionalidad y dedicación que siempre, me gané el último mes que trabajé en Dmedicina.

Señores de Unidad Editorial, queridas ex jefas de Dmedicina: si no me dan el dinero que me deben porque creen que no lo necesito, se equivocan. Lo necesito, y mucho. Y lucharé en los juzgados no solo para que me paguen lo que me adeudan, sino por mi readmisión.

Gratis no trabajo

Y también se equivocan si se creen que los periodistas trabajamos gratis. Me sumo a la reivindicación de los profesionales y de los becarios que están sacando adelante el trabajo de los medios en condiciones tan precarias, sin recursos y sin una contraprestación económica acorde a la labor que desempeñan: #GratisNoTrabajo.

Pedro Sánchez, contra los despidos por aborto.

1 de mayo: La lucha por los derechos laborales y de la mujer

“Por un hijo se hace cualquier cosa, incluso antes de que nazca”. Así alababa Lidia, la prima de marido, los cuidados a los que me sometí las pasadas navidades intentando proteger la vida de mi bebé. Por recomendación de mi ginecólogo, yo guardaba reposo en la casa de mis suegros en Ponferrada, el lugar donde nos sorprendió la segunda pérdida de mi corto embarazo. Dispuesta a todo por que aquel pequeño ser que crecía dentro de mí se quedara conmigo, me veía capaz de los más grandes sacrificios jamás imaginados. No ver a mi madre en Nochebuena, no moverme de la cama si el médico así lo aconsejaba o no ir físicamente a la oficina hasta que pasase el peligro me parecían menudencias en comparación con todo lo que yo, como cualquier mujer embarazada, estaba dispuesta a hacer para salvar a mi hijo. La prima de mi marido venía a verme y me daba ánimos.

Hoy, cuatro meses después, en medio de la manifestación a la que acudí por el Día del Trabajo, las palabras de Lidia me volvieron a la mente. Ir a una marcha multitudinaria para reivindicar los derechos de los trabajadores no es, ni mucho menos, un sacrificio; ya lo había hecho antes. Pero ir cuando te han despedido tras una baja por aborto siendo además el Día de la Madre, lo cambia todo.

Nos levantamos nerviosos, con la excitación de quien está a punto de enfrentarse a algo de lo que está seguro pero que a la vez le inquieta por nuevo. Desayunamos rápido, cogimos la mochila, la pancarta y salimos. Había que tomar la línea 1 de metro hasta la Puerta del Sol para unirnos a la marcha.

En el andén, veía que la gente se paraba a leerla e que incluso alguna que otra persona sacaba el móvil para hacerle una foto, con mayor o menor disimulo. Miré a mi marido, tan discreto siempre, y temí que se sintiera incómodo. Días antes habíamos tenido una conversación en casa sobre las cuestiones que pertenecen a la esfera de lo íntimo y las que se convierten en asuntos públicos. Un aborto era algo que, según él, correspondía al ámbito privado; pero un despido discriminatorio por haber sufrido un aborto era una vulneración de derechos tan grave que debía trascender las barreras de la privacidad para ser denunciado socialmente, al igual que una violación o los casos de violencia de género. En eso habíamos quedado. “Desde luego, no debemos avergonzarnos de haber sufrido un aborto, la vergüenza deben tenerla quienes te despiden por ello”, proclamó convencido. Sin embargo esta mañana, al verle en el andén, bajo las miradas curiosas de la gente que esperaba el metro, temí que estuviera pasando un mal trago y bajé ligeramente la pancarta, escondiéndola detrás del panel que indicaba la frecuencia de los trenes.

– ¿Te pesa? –me preguntó y, aunque le aseguré que no, me la quitó de las manos y la levantó sobre su cabeza, más alto de lo que yo hubiera podido levantarla con mi metro sesenta de estatura. Su resolución me emocionó profundamente, había vencido su pudor; ya no pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas cuando una mujer embarazada que leía nuestra consigna me preguntó si Unidad Editorial era la del periódico El Mundo y, con una mirada que desprendía solidaridad y empatía, me dijo que sentía mucho lo que me había pasado, “por partida doble”.

Solidaridad

Recogimos muestras de interés y respeto como esas a lo largo de todo el trayecto; de gente buena y decente que se sorprende de que hoy por hoy, en pleno siglo XXI, lo habitual sea que una trabajadora se vea obligada a ocultar su embarazo a la empresa hasta que sea evidente para que no la echen a la calle; gente que, sabiendo o no de  leyes, se pone en la piel de una mujer que sufre un aborto y, nada más reincorporarse a su puesto de trabajo, es despedida; gente como los compañeros de la CNT y de StopDespidosUE, o gente como Pedro Sánchez, a quien le llamó la atención el #DMedicinaDiscrimina de mi pancarta y mostró su apoyo a la causa.

Lidia no se equivocaba: por un hijo hay que hacer cualquier cosa, incluso antes de que nazca. Yo he salido hoy a la calle para luchar por mis derechos como mujer y como trabajadora, y lo he hecho por ese bebé que no llegó a nacer y por los que sí nacerán, con la esperanza de que puedan crecer en un país en el que la penalización laboral de las empleadas que se quedan embarazadas sea cosa del pasado.

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