Este año, el Día de la Madre me pone triste. Veo los anuncios de regalos y los escaparates llenos de carteles con frases de felicitación a las mamás y me invade una mezcla de pena y nostalgia. Mi bebé hubiera nacido en julio. A estas alturas, debería tener una barriga que por desgracia no tengo, probablemente le hubiera comprado ya alguna cosita y la gente más cercana, quizás, me felicitaría por primera vez el Día de la Madre.

Pero, para el mundo, yo no soy una madre. Para Unidad Editorial, tampoco. Me pregunto qué soy, y las dudas me llevan a buscar en el diccionario una palabra básica, de sobra conocida, cuyo significado no suele ser necesario consultar porque es la primera que se aprende en todas las lenguas del mundo: “madre”.

La primera acepción que recoge la RAE define madre como la mujer o animal hembra que ha parido. La segunda, como mujer o animal hembra que ha concebido. Ese es mi caso. Pero la reflexión continúa. Si he concebido pero no he parido, ¿qué soy? Una madre que dé a luz un hijo y lo pierda 3 años después, ¿deja en ese momento de ser madre? Yo, que lo he perdido a los 3 meses, pero antes incluso de que naciera, ¿he llegado a ser madre? ¿Lo soy todavía?

La respuesta no es sencilla. Una amiga que pasó por mi situación hace algunos años (por suerte a ella no la despidieron) y que ahora tiene un niño precioso me dice que ella considera que tiene dos hijos, aunque uno no esté con ella. Otras mujeres pueden sentir diferente. Yo, en mi caso, todavía no me atrevo a poner nombre a este sentimiento. Para el mundo, quizás no sea una madre, pero este año el Día de la Madre duele, y las noticias en las que los niños son protagonistas de una tragedia de cualquier índole me hacen un daño que antes no me hacían. No sé si soy una madre, solo sé que no soy la misma que antes de haberlo sido.

Madre y trabajadora

Este año, el Día de la Madre coincide con el Día del Trabajador. Tras sufrir el aborto, me echaron del trabajo, ¿significa eso que ya no soy una mujer trabajadora? En este caso, la respuesta es más sencilla. Un rotundo SÍ sale de mi interior con la fuerza de un grito. Soy trabajadora y nunca dejaré de serlo, aunque me despidan porque quiero ser madre, porque llevo muchos años demostrando mi profesionalidad y luchando por la carrera que ahora Unidad Editorial pretende truncar.

Por esa razón, este 1 de mayo participaré en la manifestación del Día del Trabajador: para reclamar el derecho al trabajo que recoge nuestra Constitución y que ahora siento vulnerado. E iré, por primera vez, con una pancarta. Crearla no ha sido fácil (prometo escribir una entrada sobre el proceso de construcción porque, insisto, no es tan sencillo como parece). He tenido que dar varias vueltas para encontrar una barra de madera apropiada, y las puntas para sujetar el cartel, y las cartulinas en las que plasmar mi reivindicación: #DMedicinaDiscrimina. Pero lo he conseguido y estoy tan orgullosa del resultado que aquí os dejo la prueba. El paquetito que veis al lado es el regalo que le he comprado a mi madre, que no por estar triste voy a olvidarme de su día; la planta es mi auto-regalo porque, aunque no tenga a mi hijo me siento madre, y ¡porque me lo merezco!