Cuando los periodistas empezaron a llamarme para interesarse por mi caso, me preocupaba no saber transmitir mi historia de forma correcta. Quería ser directa, pero no dura en exceso. Quería que se percibieran la injusticia y la crueldad que supone despedir a una trabajadora tras sufrir un aborto, pero sin caer en el victimismo. Quería que los profesionales que me llamaban para contar mi situación entendieran que se trataba de un nuevo episodio de discriminación laboral contra la mujer pero sin condicionarles de ante mano con mis declaraciones.

Me parecía delicado. A fin de cuentas, como periodista yo estaba acostumbrada a estar del otro lado del teléfono, a hacer las preguntas y no a contestarlas. Me preocupaba que no quedara lo suficientemente claro que me echaron de DMedicina (Diario Médico, El Mundo,…) a los 19 días de volver de la baja, que no tenía sentido que alegaran un despido disciplinario justo después de haber superado el periodo de prueba para el puesto, que antes del embarazo me felicitan por mi trabajo, que el caso era todavía más grave si cabe al ser DMedicina un portal especializado en salud, familia y embarazo,…
Quería comunicar tantas cosas que temía no acertar con las palabras indicadas.

Mi amiga Ana me dio la clave:

Intenta no entrar en valoraciones; limítate a contar cómo fueron las cosas, relata los hechos tal cual: hablan por sí solos”.

Así lo he hecho en las entrevistas que he concedido. Y así lo he procurado hacer también en este vídeo de denuncia. Los hechos tal y como fueron, por orden cronológico. Es increíble que el dolor de los últimos ocho meses pueda resumirse en apenas de 2 minutos, pero creo haberlo conseguido.

Ya voy asimilando que algo tan terrible como perder un bebé y, acto seguido, el puesto de trabajo, me haya ocurrido a mí. Mi amiga Ana tenía razón: los hechos hablan por sí solos. Con esa garantía, con la razón y con pruebas iré el próximo 27 de septiembre ante el juez. Mientras tanto, juzguen ustedes mismos.