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La lucha de una madre en ciernes por los derechos laborales

Mes: abril 2016

Una pancarta con una planta y un regalo

Día de la Madre, Día del Trabajador

Este año, el Día de la Madre me pone triste. Veo los anuncios de regalos y los escaparates llenos de carteles con frases de felicitación a las mamás y me invade una mezcla de pena y nostalgia. Mi bebé hubiera nacido en julio. A estas alturas, debería tener una barriga que por desgracia no tengo, probablemente le hubiera comprado ya alguna cosita y la gente más cercana, quizás, me felicitaría por primera vez el Día de la Madre.

Pero, para el mundo, yo no soy una madre. Para Unidad Editorial, tampoco. Me pregunto qué soy, y las dudas me llevan a buscar en el diccionario una palabra básica, de sobra conocida, cuyo significado no suele ser necesario consultar porque es la primera que se aprende en todas las lenguas del mundo: “madre”.

La primera acepción que recoge la RAE define madre como la mujer o animal hembra que ha parido. La segunda, como mujer o animal hembra que ha concebido. Ese es mi caso. Pero la reflexión continúa. Si he concebido pero no he parido, ¿qué soy? Una madre que dé a luz un hijo y lo pierda 3 años después, ¿deja en ese momento de ser madre? Yo, que lo he perdido a los 3 meses, pero antes incluso de que naciera, ¿he llegado a ser madre? ¿Lo soy todavía?

La respuesta no es sencilla. Una amiga que pasó por mi situación hace algunos años (por suerte a ella no la despidieron) y que ahora tiene un niño precioso me dice que ella considera que tiene dos hijos, aunque uno no esté con ella. Otras mujeres pueden sentir diferente. Yo, en mi caso, todavía no me atrevo a poner nombre a este sentimiento. Para el mundo, quizás no sea una madre, pero este año el Día de la Madre duele, y las noticias en las que los niños son protagonistas de una tragedia de cualquier índole me hacen un daño que antes no me hacían. No sé si soy una madre, solo sé que no soy la misma que antes de haberlo sido.

Madre y trabajadora

Este año, el Día de la Madre coincide con el Día del Trabajador. Tras sufrir el aborto, me echaron del trabajo, ¿significa eso que ya no soy una mujer trabajadora? En este caso, la respuesta es más sencilla. Un rotundo SÍ sale de mi interior con la fuerza de un grito. Soy trabajadora y nunca dejaré de serlo, aunque me despidan porque quiero ser madre, porque llevo muchos años demostrando mi profesionalidad y luchando por la carrera que ahora Unidad Editorial pretende truncar.

Por esa razón, este 1 de mayo participaré en la manifestación del Día del Trabajador: para reclamar el derecho al trabajo que recoge nuestra Constitución y que ahora siento vulnerado. E iré, por primera vez, con una pancarta. Crearla no ha sido fácil (prometo escribir una entrada sobre el proceso de construcción porque, insisto, no es tan sencillo como parece). He tenido que dar varias vueltas para encontrar una barra de madera apropiada, y las puntas para sujetar el cartel, y las cartulinas en las que plasmar mi reivindicación: #DMedicinaDiscrimina. Pero lo he conseguido y estoy tan orgullosa del resultado que aquí os dejo la prueba. El paquetito que veis al lado es el regalo que le he comprado a mi madre, que no por estar triste voy a olvidarme de su día; la planta es mi auto-regalo porque, aunque no tenga a mi hijo me siento madre, y ¡porque me lo merezco!

Un blog sobre abortos y despidos :(

Siempre me gustó escribir sobre cosas bonitas. Como periodista, cada vez que he tenido la oportunidad de elegir, he preferido tratar temas gratos: ¿quién no escogería la cultura, en vez de los sucesos, o los deportes, si la otra opción fuera la sección necrológica? Hasta que me especialicé en periodismo sanitario y se me quitó la tontería (y también, de paso, la pizca que tenía de hipocondríaca). Entonces, los temas sobre enfermedades y tratamientos dejaron de impresionarme y descubrí que incluso los asuntos más graves, los que afectan a la salud, se pueden escribir sin más pesar que el que conlleve un mal pronóstico.

Siempre pensé que acabaría abriendo un blog sobre literatura, un tema grato sobre el que sé algunas cosas y al cual dedicarle mi tiempo me produciría deleite. Sin embargo, escribir sobre el aborto que sufrí y el despedido que afronté al reincorporarme tras la baja médica no solo no es grato, es hurgar en la herida, una herida abierta que aún sangra y que tardará en cicatrizar. Pero escribir sobre ello será también mi forma de superarlo, de expresar el dolor que durante todo este tiempo he reprimido por el desconcierto y el miedo que me sobrevino cuando todo pasó. Y prometo hacerlo además, como buena periodista especializada en salud, sin pesar, porque esta vez estoy convencida de que el pronóstico será bueno.

Ya no tengo miedo

Hace ya un mes que pisé por última vez las oficinas de Unidad Editorial. Un mes de desconcierto, de incredulidad, de indignación y, por qué no admitirlo, también de miedo. Al principio no daba crédito a mi mala suerte. ¡Hacía solo dos meses que había perdido a mi bebé y ahora perdía el trabajo! La experiencia más dolorosa de mi vida venía acompañada de más desgracias, el universo conspiraba en mi contra. ¿Qué iba a ser de mí?

Entonces recordé las palabras de una vieja amiga: las casualidades no existen. ¿Por qué me despedían justo al volver de la baja? Hacía apenas medio año que había superado con éxito el periodo de prueba, la publicación que coordinaba ganaba lectores cada día. ¿Y si me habían despedido porque conocían mi intención de ser madre? ¿Y si a la empresa sencillamente no le convenía tener a una empleada que en breve intentaría quedarse embarazada de nuevo y se vería abocada a coger una baja?

Ahora, un mes más tarde, las preguntas empiezan a encontrar respuesta. He puesto mi caso en manos de la justicia y he decidido lanzar este blog para ayudar a otras mujeres que puedan encontrarse en una situación parecida. Porque ahora, un mes más tarde, sigo desconcertada, sigo sin dar crédito y sigo indignada, pero ya no tengo miedo.

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